CAPÍTULO XIII / El teatro de Federico García Lorca en el Santander republicano
Por Pedro L. Madrazo

urante la denominada Década Moderada española, de 1844 a 1854, tomaron protagonismo el reinado de Isabel II y las políticas moderadas del general Narváez, que dieron lugar a la Constitución de 1845, en vigor hasta 1869, de características conservadoras. En esos años, el puerto de la capital cántabra cobró una importancia vital como redistribuidor especializado de los cereales y la harina que venían en carros desde Castilla hasta el muelle de Santander con destino a Europa, Cuba y Puerto Rico fundamentalmente. A esta circunstancia contribuyeron causas como la guerra de Crimea entre Rusia y otros países europeos, pero también el hecho de que la ciudad hubiese adaptado su principal vía de comunicación, la carretera de Reinosa, a la nueva situación productiva de Castilla. Esto provocó un negocio muy lucrativo para los comerciantes santanderinos, motivado por el aumento de la demanda de cereales y harina provenientes de Castilla, canalizados a través del puerto de Santander.

La visita de la escritora Emilia Pardo Bazán a Cantabria, en 1894, coincidió con el periodo histórico en España denominado Restauración, un sistema político basado en un bipartidismo férreo entre conservadores y liberales, de Cánovas y Sagasta respectivamente, y en una alternancia en el poder apoyada en el fraude electoral. Un periodo protagonizado por la regencia de María Cristina de Habsburgo, que supuso un ciclo de diecisiete años muy conflictivos debido a los problemas internacionales en los que se vio implicado el país.

Emilia Pardo Bazán nació en septiembre de 1851 en La Coruña, ciudad que siempre aparece en sus novelas bajo el nombre de «Marineda». Era hija de un matrimonio gallego noble: el conde José Pardo Bazán —título que ella heredaría a la muerte de su padre en 1908— y Amalia de la Rúa. Fue su madre quien la estimuló a leer y escribir, y le dio una educación esmerada. De forma precoz, a la edad de nueve años, ya empezó a mostrar un gran interés por la escritura, y a los quince publicó su primer cuento, Un matrimonio del siglo XIX, el primero de los casi 600 que vieron la luz a lo largo de su vida. Los inviernos los pasaba con sus padres en Madrid. Allí acudía a un colegio francés donde estaba prohibido hablar castellano. De formación autodidacta, ya desde la infancia jugaron un papel de primer orden sus lecturas de las obras de los clásicos. Pero el hecho que más la marcó fue el acceso a la biblioteca de su padre en La Coruña, así como al de las bibliotecas de otras familias nobles de amigos suyos de la misma ciudad.

La suya es una personalidad que figura por derecho propio entre los grandes escritores que en la segunda mitad del xix cultivaron con maestría el género de la novela. Su condición de mujer fue un obstáculo, pero no un impedimento, para una creación literaria brillante, que hizo compatible con una ingente labor periodística, escribiendo sin cesar desde 1876 hasta su muerte. Se convirtió en la primera corresponsal en el extranjero (Roma y París) y, entre otras labores, fundó y dirigió la revista cultural Nuevo Teatro Crítico en 1891. Redactada por ella en su totalidad, su título quería rendir homenaje a Benito Jerónimo Feijoo, el gran defensor de los derechos de la mujer en el siglo xviii y autor del Teatro crítico universal. También escribió artículos de opinión sobre el movimiento naturalista —encabezado por Émile Zola— y la novela experimental en la revista La Época, que recopilaría posteriormente en el volumen La cuestión palpitante, publicado en 1883. Igualmente, otros medios escritos publicaron de manera habitual sus tribunas de opinión, destacando sus artículos de viajes en El Imparcial, el Heraldo de Madrid y El Liberal. Su pluma era asidua en los periódicos más leídos de Madrid, lo mismo que en revistas y en prensa extranjera, pero nunca en publicaciones exclusivamente femeninas o dirigidas a la mujer. Reunió sus grandes artículos feministas de La España moderna en la obra titulada La mujer española, probablemente el libro más importante y menos conocido del feminismo español. Sin duda, podemos afirmar que Pardo Bazán fue una escritora adelantada a su época, porque también como mujer se adelantó a su tiempo.

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