CAPÍTULO IV / Hermesinda y Alfonso: la alianza de Pelayo y el duque Pedro
Por José Ramón Saiz Fernández

Celebrado el encuentro de Cosgaya, el duque Pedro no echó en olvido el comentario de Pelayo sobre el futuro matrimonio de su hija Hermesinda con Alfonso, conscientes ambos de que tal hecho significaría, además, fortalecer la resistencia para salir de las reducidas fronteras lebaniegas. Aunque el hijo de Pedro ya era un joven guerrero, Hermesinda no había cumplido aún los dieciocho años. Pero el matrimonio muy pronto se abrió paso por cuanto los dos jóvenes se sentían atraídos. Pelayo y Pedro estaban cada vez más cerca de ratificar en la esfera familiar su pacto o alianza, que en lo militar había significado sellar un acuerdo dirigido a recuperar los territorios ocupados por el invasor musulmán. Desde ese momento, los dos caudillos dedicaron tiempo a allanar el terreno para hacer realidad, cuanto antes, el matrimonio.

En línea con ese pacto ofrecido por Pelayo, la versión Rotense, de la Crónica de Alfonso III, ofrece algunas claves sobre el compromiso matrimonial al señalar que un joven llamado Alfonso llegó al territorio cántabro-astur sobre el que ejercía Pelayo su caudillaje con la finalidad inmediata de casarse con Hermesinda, hija del «rey». Desde entonces, el hijo mayor del duque Pedro, bien por su matrimonio o por su origen, pasó a ocupar un lugar central en el círculo de su suegro, con el que participó en importantes operaciones guerreras (1), consolidando de esta forma la unidad militar de cántabros y astures en la dura y continuada lucha contra el Islam. El historiador Lacasa lo afirma justamente al señalar que «al subir al trono Alfonso I (739) agrega al exiguo solar del reino de Pelayo sus tierras patrimoniales del Ducado de Cantabria».

Hermesinda, la hija del Pelayo con la que contrajo matrimonio Alfonso, es la primera mujer que aparece citada por su nombre: como Ermesinda o Hermesinda en la Rotense, y Bermesinda, en la Crónica Albeldense, quizás por un error de copia de un previo Hermesinda. Algunos autores emplean el nombre de Bermisinda. La referida crónica es categórica en cuanto a que era hija del rey Pelayo y de la reina Gaudiosa, además de hermana de Favila (2).

La llegada a la corte de Cangas de Alfonso para casarse con Hermesinda («vino a Asturias, casó con la hija de Pelayo»), fue recogida por los cronistas medievales y destacada en la génesis del primer caudillaje cántabro-astur, al precisar que Alfonso era hijo de Pedro, el duque de Cantabria (Albeldense, XV, 3) o de los cántabros (Rotense, 11), de progenie regia goda y jefe de su ejército (Ad Sebastián, 13) que llegó, en efecto, a la corte de Cangas de Onís para casarse con la hija de Pelayo.

La Crónica Albeldense señala, además, que la unión de Hermesinda con Alfonso se había realizado «por iniciativa del propio Pelayo», sin duda para sellar una estrecha alianza de los territorios que mantenían su independencia. Como se ha indicado, fue precisamente Pelayo quien puso gran empeño en el matrimonio de Alfonso con su hija, unión que tenía otras muchas ventajas en el terreno militar, si bien la razón principal de este objetivo de Pelayo pudo deberse a su interés en emparentar con la alta nobleza goda, si tenemos en cuenta –de lo que no hay pruebas– que Pelayo llegó a Liébana y a la zona de Cangas de Onís siendo un simple espatario del ejército del rey Rodrigo. Tanto la Rotense como la versión Ad Sebastián destacan que Alfonso, yerno ya de Pelayo, era de «regio linaje».

Sería años después cuando el matrimonio alcanzó trascendencia al legitimar el linaje descendiente del duque Pedro de Cantabria en la sucesión en el trono tras la prematura muerte de Favila, hijo de Pelayo, hecho luctuoso que abrió el camino de Alfonso I para liderar el nuevo reino. Formado militarmente a lado de su padre, con su suegro participó en la batalla de Covadonga al frente de una nutrida partida de cántabros.

En las circunstancias luctuosas de la muerte del rey Favila (739), Hermesinda transmitió sus derechos al trono a su esposo, que pasó a ser rey con el nombre de Alfonso I, ganándose en los siguientes años el sobrenombre de el Católico. Alfonso ya era entonces caudillo del resto del territorio de Cantabria por haber recibido de su padre la jefatura del Ducado, anexionando todo el territorio cántabro a la pequeña monarquía cántabro-astur que lideraba como jefe único de los pueblos sublevados –cántabros y astures– por su doble vinculación con el movimiento cántabro-occidental a través de Hermesinda, su esposa, y con el resto del movimiento cántabro por su filiación respecto al duque Pedro. De esta manera se estableció una verdadera unión permanente, decidiéndose Alfonso a usar por primera vez el título de Rey hasta el punto de que muchos historiadores le consideran como el primer monarca del naciente reino cántabro-astur (3).

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