Superstición en Cantabria
Las creencias montañesas sobre el Sol y la Luna
Por Fran Renedo Carrandi

Sol y la Luna son dos astros que se reparten la jornada y el cielo. Uno en la noche y otro en el día, presiden su reino. Desde tiempos antiquísimos han sido venerados o divinizados por los mayas, babilónicos y otras culturas arcaicas, los cuales tenían gran respeto por dichos elementos. En estas culturas citadas, los dos astros nacían al mismo tiempo. Entre los inuit, los pueblos esquimales que habitan las regiones árticas de América, se pensaba que el Sol y la Luna eran unos hermanos, niño y niña, que se perseguían constantemente sin nunca alcanzarse. Pero en casi todas las culturas existe una constante que relaciona a la Luna con la maldad y las tinieblas, y al Sol con la verdad y el dios benevolente. Estos dualismos subsisten prácticamente hasta nuestros días.

 

LA LUNA

Concretamente, y circunscribiéndonos a la Cornisa Cantábrica, Estrabón hablaba de los cántabros, con respecto a la Luna, lo siguiente: «Algunos dicen que los callaicos no tienen dioses y que los celtíberos y sus vecinos del norte dan culto a un dios sin nombre en las noches de plenilunio, fuera de sus poblados, haciendo bailes en rueda y fiestas nocturnas con sus familiares…».

Por este tipo de crónicas, muchos historiadores han creído que los celtas asentados en la Cornisa Cantábrica adoraban a la Luna, pero el nombre, como el de la misma diosa Cantabria, no lo podían pronunciar, ya que les era tabú. Solían salir a las inmediaciones de los poblados, bailaban en círculo y realizaban sacrificios de animales a la luna llena. Tocaban rudimentarias melodías con instrumentos de viento y percusión, mientras bebían una suerte de líquido parecido a la cerveza en grandes cantidades. Además, existían tres dioses «mayores» dentro de la mitología celta, que eran Esus, Taranis y Tautates, los cuales eran conocidos como los dioses de la noche, ya que en ese momento se creía que su poder era inmenso, y la forma de contactar con ellos a través de distintos ritos, más fácil.

Como ocurrió con todos los territorios conquistados por los romanos y que posteriormente cayeron bajo la influencia cristiana, estos rituales se transformaron en fiestas religiosas, dedicadas a algún santo, como san Juan, en su noche señalada, y otras de este estilo, en las cuales aun se pueden adivinar unas reminiscencias más arcaicas.

Además de estas razones, los cántabros tenían algunas costumbres peculiares relacionadas con la Luna, protagonista sin duda del desarrollo de sus labores agropecuarias. Por supuesto que muchas de las dichas costumbres fueron similares a las del resto de Europa, pero otras fueron originadas en estas regiones del norte peninsular, como por ejemplo proceder a la siembra en menguante, que siglos más tarde continuarían sus descendientes a la hora de cultivar el trigo, el maíz, la patata, etc., al contrario que en otros lugares del continente. Con respecto a la corta o recogida de la madera, los antiguos cántabros, y los habitantes de La Montaña hasta no hace demasiados años, tenían una visión peculiar sobre estas labores, distinta a la de otros pueblos cercanos. Si la madera iba a ser destinada a combustible, es decir, leña para el fuego, cortaban el árbol elegido en creciente, ya que era de creer que esta madera almacenaba mayor poder calorífico, considerando que ese vegetal se encontraba en pleno crecimiento, acompañando a la fase lunar, por lo que guardaba gran energía. Pero si dicha madera era talada en luna menguante, se utilizaba para la elaboración de herramientas, utensilios y materiales para la construcción, como vigas, pilares y tablas.

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2017-12-22T23:45:54+00:00