Mogrovejo, escondite del Lignum Crucis

HISTORIA / MOMENTOS HISTÓRICOS

Froilán Blanco desentierra la chapa bajo la que escondió el Lignum Crucis en el monasterio durante la guerra civil. Instantánea tomada inmediatamente después de la contienda. (Pedro Álvarez)

En los tiempos difíciles de la guerra civil, un hombre piadoso salvó toda suerte de obstáculos para evitar que la sagrada Reliquia del “Lignum Crucis” fuese arrebatada de Liébana, la tierra en donde reposa desde hace siglos. Fue Froilán Blanco, el audaz cuñado del párroco de Santo Toribio.

En el año 1936, en plena Guerra civil española, la comarca lebaniega sufre las consecuencias de la misma. Francisco Galiante era el párroco del Monasterio de Santo Toribio y Froilán Blanco estaba casado con Natividad Galiante, hermana del párroco. Todos ellos y Marcelina, hermana de Francisco y Natividad, vivían en el Monasterio, cultivando la huerta y trabajando otras fincas, además de ayudar a conservar el edificio religioso.

En el Monasterio se continuaba diciendo misa y la Reliquia de la Cruz permanecía en el Camarín de la Capilla. A finales del mes de julio, los moradores de Santo Toribio, en vista del cariz que iban tomando los acontecimiento, decidieron guardar la Reliquia ante el miedo de que pudiera sufrir una profanación. Froilán Blanco, siguiendo las indicaciones de su cuñado, Francisco Galiante, párroco, construye una cruz de madera de chopo semejante a la madera de la Reliquia y cambian la verdadera, en los primeros días del mes de agosto de 1936. El 2 de agosto de 1955 y ante notario, se declararon todas las vicisitudes y peligros por los que tuvieron que pasar:

“Froilán y el párroco Francisco quitaron los tornillos del relicario a primeros de agosto de 1936, sacando la Reliquia y envolviéndola en un paño que conserva doña Marcelina, y después la colocaron en un cajón de madera que al amanecer de un uno de los días siguientes enterraron al pie de una higuera que está en la huerta de abajo del monasterio. La reliquia se enterró a unos tres metros de profundidad hacia abajo del tronco principal, muy de mañana, pues a esa hora disminuía la vigilancia de los milicianos, pese a lo cual les vió un carbonero, quien nunca mencionó el hecho. Quien sí sospechaba era la carbonera, preguntando por lo que habían enterrado debajo de la higuera. Después de guardar la Reliquia, llevaron el relicario a la casa de Turieno con objeto de guardarlo, por creer que guardaba la verdadera Reliquia de la Cruz, puesto que Franciso y Froilán no dijeron a nadie donde se encontraba el verdadero Lignum Crucis. Poco después, se pidió a Froilán Blanco que lo llevase a Santo Toribio y días después hizo una cruz con madera vieja adaptada mejor al relicario y unió los brazos con pinas de madera, en vez de con clavos, para que no fuera fácil conocer la suplantación de la Reliquia, quitando la madera de chopo colocada primeramente y dejando el relicario en la caja fuerte del Camarín, simulando su custodia.

El 30 de septiembre de 1936 los milicianos llegaron al Monasterio, arrasando el altar del Camarín y trataron de abrir la caja fuerte con cargas de dinamita, así como con picos y palas, llevándose el relicario pensando que era de oro y depositándolo en el Banco Mercantil de la Villa de Potes.

Froilán, temiendo que el agua humedeciese el Lignum Crucis enterrado en la huerta lo desenterró y envolvió en un paño y papeles, enterrándolo en un local bajo techado que estaba a la izquierda de la sacristía vieja, dedicado entonces a cuadra de cabras, haciendo un hoyo y colocando en el fondo una plancha de hierro y encima de ella la preciada Reliquia, llenado el hoyo con tierra y por encima de ésta, estiércol.

Como empeoraba la situación, el cura, Francisco Galiante, tuvo que huir y los milicianos se ensañaron con Froilán y su familia, arrebatándoles animales y frutos, e incluso apaleándole con frecuencia. En vista de ello, Froilán Blanco toma la decisión de abandonar el Monasterios de Santo Toribio en compañía de su familia y llevando consigo la preciada Reliquia, haciéndolo el día de Pascual de Pentecostés, aprovechando que solamente quedaban dos o tres milicianos en Santo Toribio.

Froilán preparó el carro con el tiro de vacas para irse a Mogrovejo, con su familia, y desenterró de forma apresurada la Reliquia, metiéndola en un cesto de mimbre y colocando sobre ella una chaqueta de pana, dejando el Monasterio y viajando en compañía de su esposa, hijas y cuñada. En Camaleño le pararon los milicianos preguntándole sobre lo que llevaba en el carro y al ver que iban las mujeres, le dejaron pasar. Llegados a Mogrovejo, Froilán enterró la Reliquia en la era de su casa, permaneciendo en dicho lugar salvo cuando al final de la guerra civil, estando Froilán en Potes, se presentó la vecina de Mogrovejo Juana Fernández en su casa, pidiendo usar su era. La esposa y la cuñada de Froilán accedieron, puesto que no sabían que allí se encontraba enterrada la Reliquia. Informado de ello Froilán, salió de madrugada de Potes con dirección a Mogrovejo para evitar que se descubriera el hoyo donde se ocultaba la Reliquia y se sorprendió gratamente al llegar, puesto que la vecina de Mogrovejo había barrido toda la era a excepción del lugar donde estaba enterrado el Lignum Crucis.

Froilán lo sacó de dicho lugar y lo tuvo en su casa escondido en un colchón, hasta que la bajó a Potes, haciendo entrega de la misma al coadjutor de la Villa, y encargado de la parroquia de San Vicente.

El relicarios fue hallado posteriormente en Santillana del Mar y reconocido por un cofrade, quien con gran alegría lo entregó al párroco de Potes, creyendo que contenía la Reliquia”.

Esta es la historia de un humilde labrador que con la ayuda de su cuñado, párroco de Santo Toribio y después de exponer su vida y la de su familia, logró tras muchas vicisitudes que el Lignum Crucis continúe entre los lebaniegos después de tantos siglos de historia.

Pedro Álvarez

ALERTA 8/06/1997

2017-12-22T23:45:55+00:00 Actualizado: 14 de abril, 2017 @ 14:35 | CANTABRIA|