Lo que sucedió en Laredo con una poderosa armada francesa el 1639

HISTORIA / MOMENTOS HISTÓRICOS

Corría nuestra costa del Cantábrico una poderosa escuadra francesa á caza de navíos españoles y para dañar á las villas y pueblos ribereños. Un prelado francés, que lo mismo empuñaba el báculo que la espada y de igual modo gobernaba su grey que la escuadra francesa, el Arzobispo de Burdeos, Henry d’Esconbleau de Sourdis, célebre porque el año anterior había derrotado en las costas de Guetaria una división marítima española, se acercó á nuestras costas, las que, como él decía muy bien en la carta de desafío que escribió al almirante español, el famosísimo don Lope de Hoces, estaban desapercibidas. El 14 de agosto, á las tres de la tarde, entró en Santoña la escuadra francesa, compuesta de 33 navíos de más de 600 toneladas, 20 de hasta 300, 8 fragatas, siete navíos de fuego, muchas pinazas, lanchas y chalupas, que pasaban de 120, y la capitana, de mil toneladas, en la que venía el Arzobispo de Burdeos. Entre los marineros y soldados venían doscientos del Hábito de San Juan. Surgieron los navíos grandes cerca de la peña, los demás adentro, y tres fragatas, dos navíos holandeses ligeros, algunas lanchas y chalupas llegaron al arenal enfrente de Laredo, donde fondearon, sin temor á la artillería de los castillos del puerto.

El Corregidor de la villa, don Juan de Rejón Silva y Sotomayor, Caballero de Calatrava (se cruzó en 1607), encargó el gobierno y disposición de la gente de los lugares que habían acudido á socorrer á la sitiada villa, á don Felipe de la Maza, quien colocó á los de Liendo y Colindres en el arenal para impedir el desembarco; á los de Ruesga y Parayas más hacia Colindres, para el mismo fin; á los de Limpias, Ampuero y Marrón al paso de la subida de las eminencias, y á los de Guriezo en el paso que llaman de las Casillas.

El domingo, 14 de agosto, á las once de la mañana, estando la villa con muy poca gente, empezó el enemigo á dar velas y entrar por el puerto con el auxilio de la marea, y desembarcaron en el Arenal 650 hombres, que al instante se dividieron en tres escuadrones y á un mismo tiempo comenzaron á marchar contra Laredo, encaminándose los navíos á los muelles y el cuerpo del ejército, que era el mayor de los escuadrones, donde iban el general, el Arzobispo caminó por el Sable y camino real de Colindres á la puerta de la villa; los otros dos escuadrones subieron las eminencias, el uno por lo más alto de ellas que llaman la Cruz de la Hacha, el otro por más abajo y ambos se acercaron á la puerta de San Lorenzo. En la villa solamente había 150 hombres, á parte de los 100 que estaban en los castillos, y se hallaban repartidos en los muelles, en las puertas de San Lorenzo y en la principal, por donde iba á entrar el ejército, protegido por el fuego intenso que hacía la escuadra.

Rindióse la villa ante la superioridad del enemigo, y éste se apoderó de más de 100.000 ducados en el saqueo á que sometió á los laredanos.

Al día siguiente, fiesta de la Asunción de Nuestra Señora, visitó el Arzobispo la iglesia parroquial y el convento de San Felipe. El prelado francés se mostró muy devoto y piadoso, dando limosnas á los pobres y enfermos.

Quemaron los castillos de S. Nicolás y de la Rochela; se llevaron la artillería ó la tiraron al mar; dentro de las casas rompieron las puertas y ventanas, arcas y escritorios; derramaron gran cantidad de vino, y en todo lo que no fué robar las iglesias, quemar las casas y todos los heredamientos, hicieron grande y lastimoso destrozo.

El martes, á las tres de la tarde, prendieron fuego á las casas de Ayuntamiento. El miércoles, 17, intentó el Arzobispo entrar en la merindad trasmerana por Treto, pero no pudo conquistar la torre que el Condestable de Castilla tenía al lado de la ría. El 27 zarpó la armada francesa.

No todas fueron bienandanzas para el invasor. Marcharon los franceses en cuadrillas de 20 y 30 á Liendo, Guriezo, Seña y Tarrueza con el fin de robar estos lugares, pero acudieron 300 montañeses, y en lo alto de la sierra de Liendo, á vista de Laredo, según venían con los hurtos, los prendieron y mataron, acontecimiento que puso en cuidado al Arzobispo, que entonces temió que los pueblos intentasen batirle en la villa.

Mateo Escagedo Salmón

Crónica de la Provincia de Santander  (Tomo II) (1922)

2017-12-22T23:45:57+00:00 Actualizado: 14 de abril, 2017 @ 12:05 | CANTABRIA|