Una guerra de poca monta… y duró casi diez años

HISTORIA

Ahora resulta que aquello que sostuvo aquí el avasallador ejército romano, durante dos lustros y en el momento más indiscutible del poder imperial en todo el orbe conocido, fue una«guerra de poca monta». ¿No les parece evidente el contrasentido de tal aserto? Sin embargo, ese calificativo para las famosas Guerras Cántabras se atribuye, en la prensa local, al historiador polaco-alemán Walter Trillmich, con motivo del 11 Encuentro de Historia de Cantabria recientemente celebrado.

Veamos. Por no alejarnos mucho de los orígenes del citado historiador, consta en el prefacio del libro de A. Schulten, Los cántabros y los astures y su guerra contra Roma, que: «La guerra cantabroastur de los años 29 al 19 a.C. tiene una IMPORTANCIA PARTICULAR, por ser la última fase de la resistencia heroica de las tribus iberas. De igual modo que militarmente la victoria de Augusto sobre estas tribus salvajes del Norte fue un éxito grande y constituyó un triunfo definitivo…».

Una vez que Caius Iulius Caesar Octavius obtiene del Senado Romano los títulos de Augusto y de «princeps», además de la renovación del «imperium» proconsular y se ve con todos los ejércitos bajo sus órdenes, decide (y los motivos pasan a segundo plano; porque el hecho es la decisión de guerra, y las guerras se inician para ganarlas con las menores pérdidas propias posibles) terminar la conquista de Hispania. Para ello moviliza un poderosísimo ejército de más de seis legiones (I Augusta, II Augusta, IIII Macedónica, IX Hispana; V Alaude y X Gemina; quizá la Cohorte IV de Tracios y la legión VI Victrix; más las tropas auxiliares). En este punto coinciden en lo fundamental investigadores de la categoría de Joaquín González Echegaray y Eutimio Martino, en sus conocidas obras «Cantabria Antigua» y «Roma contra cántabros y satures», respectivamente; si bien, en el número de combatientes por parte de Roma el cálculo es hasta de unos 53.000 para González Echegaray, mientras que Martino sube hasta los 70.000 o quizá 80.000 soldados imperiales.

En cualquier caso, unas fuerzas en verdad formidables; a las que habría que añadir las de la armada romana que llegó a nuestras costas enviada desde Aquitania (recordemos Portus Victoriae, por decir algo), circunstancia estudiada con detalle por Martino.

Durante muchos años de estos tiempos más recientes se dio por seguro, en los círculos donde se fragua la historia oficial de nuestra región, que la franja costera de la antigua Cantabria estaba casi despoblada, habitada sólo por pobres y atrasadísimos grupúsculos humanos restos de las arcaicas poblaciones prehistóricas; y que ni esa zona ni el interior de la región tuvieron trascendencia alguna en el hecho del pueblo cántabro y de su conquista por Roma. Bueno pues hoy, gracias a la concienzuda labor de un nutrido grupo de jóvenes arqueólogos, se pueden ver castros amurallados y restos de enormes campamentos de asedio romanos en esos lugares que fueron considerados casi desérticos, y sin capacidad bélica, por historiadores de biblioteca y despacho. Y, también por decir algo, se puede citar como ejemplo que en la propia Peña Cabarga se encuentran las ruinas de dos castros amurallados (uno de ellos es el de Castil-Negro, excavado por la arqueóloga Ángeles Valle y su equipo). O el campo de operaciones militares romanas en torno al castro de la Espina del Gallego, los restos del campamento romano de Cildá y demás (excavados por Eduardo Peralta y su equipo) situados en Corvera de Toranzo; o el impresionante campamento romano del Campo de las Cercas, en Puente Viesgo/San Felices de Buelna.

La Arqueología confirma, día tras día, las fuentes documentales. Y Floro y Orosio se afianzan como certeros en sus resúmenes de los textos -desgraciadamente perdidos- de Tito Livio sobre las Guerras Cántabras.

Bien, la verdad es que uno puede conceder a las transcripciones en prensa la credibilidad que es posible admitir; es decir, que no está de más guardar algunas reservas respecto a divulgaciones no directas ni personales cuando se trata de opiniones polémicas.

De cualquier forma, llama la atención que Trillmich calificara de «guerra de poca monta» la llevada por Augusto contra los cántabros (el tema no acabó en el 25 a.C.; los cántabros siguieron «su guerra» hasta el 19 a.C., e incluso hay referencia de un conato de insurrección -después de estar «todos muertos» según dicen algunos- en el 16 a.C.). y sorprende en el historiador polaco-alemán; porque también se le atribuye, en la misma página de prensa, esta otra frase sobre las Guerras Cántabras: «fueron laboriosas, antipáticas y plagadas de dificultades por las características del rival…»; ¿En qué quedamos? Pues si la cuestión era de «poca monta», ¿por qué no la resolvieron en una campaña con una o dos legiones?, en vez de tardar diez años…

La estrategia de la guerra lleva a los bandos rivales a utilizar las armas más efectivas: Roma utilizó su abrumadora potencia militar, armamento sofisticado para la época, enorme superioridad numérica, ingeniería, etc. Cantabria opuso el conocimiento del terreno, sus bosques y peñas, la guerrilla y un valor heroico. Los cántabros perdieron, y muchos murieron crucificados en sus cerros por orden de Agripa.

Sí tiene razón Walter Trillmich en eso de que el carácter fragmentario de la documentación«sólo permite formular teorías, ideas, modelos…». Eso ocurre casi siempre en los relatos históricos. Según la afinidad de cada historiador con uno de los bandos, dos relatos de un mismo hecho histórico pueden resultar irreconocibles realizados por dos historiadores de gustos opuestos; aparecerán como historias de opuesto sentido o extrañas entre sí. Y pensando en esto, sólo se puede considerar como una teoría más la curiosa hipótesis citada al principio y atribuida a Trillmich.

¿Puede parecer menos real la parte de la historia de Cantabria que nos relatan los historiadores clásicos -aunque estuvieran deseosos de agradar a Augusto- que lo que nos cuenta de sí mismo Julio César? Si el tan traído y llevado asunto de halagar a Augusto por parte de los historiadores, poetas y geógrafos romanos hace sospechosa la cuestión a algunos, ¿qué opinar de la «certeza» de los relatos de la Guerra de las Galias y de la Guerra Civil? del «divino» Julio que decía ser descendiente de Eneas y, lo que es peor, de la mismísima Venus…

Es idea admitida (y expresa) que la intención de César al escribir sus pasajes históricos era la autopropaganda política, que incluía en ellos falsedades, inexactitudes y omisiones; incluso se sospecha que usaba «negros» y que amplios apartados de sus obras no eran escritas por él, sino por escritores afines y de inferior calidad literaria e intelectual. Porque, eso sí, César tenía admirables recursos estilísticos para disponer su glorificación, tales como: explicaciones previas al relato, omisión de detalles para favorecer el esquema que le pudiera convenir, dispersión de elementos, etc.

No le den más vueltas. LAS GUERRAS CÁNTABRAS FUERON MUY DURAS, por mucho que a algunos les moleste saberlo. Diez años frente al Imperio Romano fueron muchos años. La Galia sólo resistió a César durante siete años. El cónsul Mario juntó 52.000 soldados cuando Roma peligraba y el cónsul Cátulo le aguardaba derrotado y sitiado, y con ellos destrozó a los cimbrios y teutones (cuenta Plutarco que mataron 100.000 bárbaros e hicieron 60.000 prisioneros). ¿Qué hacían muchos más de 70.000 romanos pululando, desmoralizados y bien zurrados, diez años por las peñas y los valles de Cantabria?, en el momento de máximo poder del Imperio.

Según el presidente del Parlamento de Cantabria, Rafael de la Sierra: «no hay mayor traición a nuestro pasado, ni mayor error político que adulterar la historia…». Pues eso. Y cada palo que aguante su vela. Algunos de los que «malescriben» hoy nuestra historia, y me refiero a los bienintencionados de entre ellos, podrán algún día entonar al menos un «mea culpa» como el de Cartailhac. Pero los otros, los que lo hacen por motivos oscuros, no van a tener credibilidad para que les admitan esa todavía honrosa salida. Ese futuro es su desgracia.

Roberto Lavín Bedia

Miembro de la Sociedad Española de Médicos Escritores ASEMEYA

ALERTA 08/12/02

2017-12-22T23:45:58+00:00 Actualizado: 20 de septiembre, 2016 @ 10:01 | CANTABRIA|