Costumbres de los Antiguos Cántabros

HISTORIA

El padre Enrique Flórez por Andrés de la Calleja.

Este texto recoge las palabras que Enrique Flórez tomó de Estrabón, sobre las costumbres de los cántabros en tiempos de las Guerras Cántabras, y que posteriormente Flórez publicó como introducción de su “España Sagrada”, en “La Cantabria” en 1768.

Éstos se alimentan, en dos tiempos del año, de bellota, secándola, moliéndola y haciendo pan de la harina. Forman bebida de cebada; tienen poco vino, y el que llega le consumen luego en convites con los parientes. Usan de manteca en lugar de aceite. Cenan sentados, dispuestos a este fin asientos en las paredes. La edad y la dignidad llevan los primeros lugares. Mientras se sirve la bebida bailan a son de gaita y de flauta. Vístense todos de negro con sayos, de que forman cama, echándolos sobre gergon de hierbas. Tienen vasos de cera como los celtas, y las mujeres gastan ropas floridas o de color de rosa.

En lugar de dinero conmutan una cosa por otra, o cortan algo de una lámina o plancha de plata.

A los condenados a muerte los precipitan desde una roca, y a los patricidas los cubren de piedras fuera de sus términos o de sus ríos.

Los casamientos son al modo de los griegos; y a los enfermos los sacan al público, como los egipcios, a fin de tomar consejo de los que hayan sanado de semejante accidente.

Hasta el tiempo de Bruto usaban barcas de cuero; ya tienen algunas de troncos de árboles.

La rusticidad y fiereza de sus costumbres proviene no sólo de las guerras, sino de vivir apartados de otras gentes, y faltando comunicación falta también sociedad y humanidad. Hoy se ha remediado algo por el trato con los romanos después de sujetarlos Augusto; pero los que tienen menos comunicación son más inhumanos, contribuyendo para ello la aspereza de los montes en que viven.

Lávanse con orines que dejan podrir en las cisternas, y hombres y mujeres se limpian con ellos los dientes.

Las madres mataban a los hijos en tiempo de la guerra cantábrica para que no cayesen en manos de sus enemigos. Un mozo, viendo a sus padres y hermanos prisioneros, los mató a todos por orden del padre, que le dio el hierro para ello. Otro, llamado a un convite, se arrojó en el fuego.

Parécense a los celtas, a los de la Thracia y Scitia.

Las mujeres labran los campos, y cuando paren hacen acostar a los maridos y ellas les sirven.

Cuéntase también en prueba de la demencia cantábrica que algunos, viéndose clavados en cruces por sus enemigos, cantaban alegremente, lo que indica fiereza.

De una hierba semejante al apio (que parece ser el napélo o matalobos) forman un veneno activísimo que mata sin dolor, y le tienen a la mano para usarle en cualquier adversidad, especialmente por si daban en manos de romanos. (Floro dice que hacían el veneno del árbol tejo, y acaso le confeccionarían de uno y otro.)

Otras cosas, dice, usan no tan de fieras, como es, que el varón dota la mujer; que instituyen herederas a las hijas y éstas casan a los hermanos, lo que no es muy civil por incluir algún imperio de la mujer sobre el hombre.

Enrique Flórez / Estrabón

“La Cantabria” (1768)

2017-12-22T23:45:58+00:00 Actualizado: 17 de septiembre, 2016 @ 22:05 | CANTABRIA|